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    No maquillaremos el rostro de la verdad acomodando el discurso para que no te incomodes. La ley de aborto es salud pública, la ley de aborto es un derecho humano de la mujer; grábatelo así, entiéndelo así, míralo así, no temas pensar en nosotras como un igual, porque sólo estarías negando lo evidente, la más grande verdad.

    Está todo escrito, está todo dicho. Las mujeres ya han hablado y así lo han hecho desde tiempos que no hay registro. Porque si se trata de mujeres no hay registros. Las mujeres siempre han levantado la voz, siempre han reclamado. Siempre ha existido la loca, la histérica, la inconformista que no deja de exigir lo que le corresponde. La que no tiene miedo. La que tiene, pero pelea igual. La que en silencio celebra el grito de las otras. La que no descansa aunque no consiga nada en esta vida ni en la otra.

    No soy pionera. Ninguna lo es. Para que yo pueda hablar existió otra a la que hicieron callar. Y por eso de lideresas está sobrado el feminismo. Porque todas lo somos. Cada una en sus múltiples espacios; la casa, en el trabajo, el colegio, la universidad, y en la calle. Cada una aporta lo que le falta a nuestra lucha.

    Pero la historia dice que no avanzamos. Dice que la sociedad entera se organiza para frenar los derechos soberanos de las mujeres. Dice que cuando nos alzamos explota la violencia, y no la nuestra, sino que la de los mismos de siempre.

    No podemos vivir así. No exagero si digo que en las conversaciones con mis amigas y compañeras asumimos que esto es muy difícil, que duele, que cuesta resistir a tanta basura. Nos van a matar a todas y también hemos hablado de eso, de cuidarnos, de lo que pasaría si nos pasara algo, que avisen cuando lleguen, que compartan ruta en el Uber, que manden pantallazo, que no se está tranquila.

    Nos piden ser certeras, por supuesto. Si bien esta pelea es nuestra, los opinólogos sugieren, a pito de su propio ego, cómo debiera ser nuestra arremetida. Sugieren con apuro que les hagamos fácil la tarea de entender este giro. Reclaman sin pudor que ya es demasiado y que pasemos al tema siguiente. Y la verdad es que así como con mis amigas hablamos del miedo que sentimos, también estamos todas de acuerdo en que esto no para. Que no habrá nada que nos haga pasar al siguiente nivel sin haber superado este. No es una amenaza, ¡por dios cómo podría!, es un aviso que esperamos anoten en su lista de prohibido olvidar: este cambio de orden es definitivo.

    Otra cosa que ya sabemos es que agradar a los deseos de quienes nos critican no está en las prioridades. No nos importa si te la baja nuestros reclamos (perdonen lo gráfica, pero ya saben, así es más fácil para algunes). No nos preocupa lo más mínimo si nos consideras lateras, feas, raras, weonas, patéticas y esa larga lista de adjetivos para descalificar que bien te sabes, nos da lo mismo. La belleza de lo que estamos haciendo es que cuenta con nuestra profunda convicción, entenderán que así no hay lugar para nimiedades. Y por supuesto que entendemos el shock que están viviendo… imagino lo que debe significar salir de ese lugar imaginario de poder en que solo por ser hombre eras superior.

    Para nosotras nada ha sido gratis, todos los derechos que tenemos han sido conseguidos gracias a una lucha particular, nada es porque sí, nada es inherente a nosotras, ni un puto derecho humano. No soy yo quien lo dice, seguro esto ya lo habían pensado o leído por ahí, porque sí, todo se ha dicho. Y por eso siento que no avanzamos. Porque para dónde vamos si no es para salir de este día de la marmota que nos propone derechos en la medida de la posible, pero no la proyección de lo más importante; el derecho soberano a decidir por nuestro cuerpo.

    Escuché decir a un par de periodistas que hablan a eso de las 8.40 am cosas del tipo: “decir que el aborto es un derecho soberano de la mujer es un error que raya en el egoísmo”, como si esa misma frase no contuviera todo el egoísmo del mundo. Como si mi decisión te incumbiera realmente. Con la soberbia acostumbrada. Con el descaro que se concede a sí mismo el macho arrinconado, amarrado en el egoísmo patriarcal.

    En esa misma conversación salió otra joya, dicha por otro macho, por supuesto: “estratégicamente es más conveniente que hablen de salud pública”. ¡Paren todo! Es lo que no hemos parado de decir, y además es lo lógico, un básico, pero a ustedes la salud de las mujeres nunca les importó, porque no saben de derechos humanos como se pavonean saber, porque para ustedes los derechos son los derechos que incluyen decidir por nosotras. Y hay algo que no quiero dejar a un lado… Por supuesto que la estrategia es importante, tanto comunicacional como interna para proceder en todas las esferas posibles. Lo que no es correcto es pensar que “estratégicamente” no está bien hablar de los derechos de la mujer. Porque sí necesitamos hablar de eso, sí necesitamos interpelar a la sociedad entera por la deuda que tiene con nuestra historia. Es imperiosa la conversación, la apertura, la verdadera mirada a la realidad que como mujeres debemos enfrentar desde que nos paramos en este mundo.

    Estratégicamente no dejaremos de hablar de derechos soberanos, ni de la libertad de decidir por nuestros cuerpos, porque es imperante que lo entiendas de esa manera. No maquillaremos el rostro de la verdad acomodando el discurso para que no te incomodes. La ley de aborto es salud pública, la ley de aborto es un derecho humano de la mujer; grábatelo así, entiéndelo así, míralo así, no temas pensar en nosotras como un igual, porque sólo estarías negando lo evidente, la más grande verdad.

    Nos estamos organizando, reuniendo y uniendo fuerzas. Estamos estudiando, reflexionando, discutiendo, aprendiendo las unas de las otras, perdonándonos, abriendo los ojos, hablando, gritando, marchando y perdiendo el temor cada día.

    No soy especialmente optimista, menos con este tema, prefiero no poner velos que permitan filtrar la realidad y aun así, con esos colores sobre la mesa hoy solo puedo decir que no hay nada mejor que ser mujer, que esta oportunidad no me la pierdo, que creo fuertemente en todas, que admiro a muchas más mujeres que antes, que me siento más segura y contenida y con la certeza que nunca más estaremos solas.

    Este fue un conjunto de ideas sacadas de la semana que se termina. Para terminar, anota; este cambio de orden, es definitivo. No hay vuelta atrás.

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