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  • Harry Styles en Chile: Estoy brillando con highlighter

    Manuel Toledo-Campos, nuestro asistente a conciertos favorito, fue al debut solista del cantante inglés en el Movistar Arena y esta fue su experiencia.

    “Man, I Feel Like a Woman!” de Shania Twain es un sencillo salido el año 1997, probablemente antes del nacimiento de gran parte de la fanaticada de Harry Styles que llenó el Movistar Arena el 25 de mayo, recinto vendido por completo desde el año pasado. En vez de causar extrañeza, el tema de Shania, que suena luego del gran set de 45 minutos que ofreció Leon Bridges, prende a la audiencia. Mal que mal, aunque pudieran ser adolescentes en edad, las incipientes decisiones musicales que toman, quizás por seguir a Styles, derivan en sentirse “más grandes”, y nadar contra la corriente al pensar en qué es el pop y cómo éste puede conseguir grandes audiencias.

    La mejor forma de ver por qué Harry recibe tanta atención es ver en qué está el resto de One Direction, exitosa agrupación con la que ya visitó Chile en 2014. Mientras Styles se liga al sonido de un pop clásico, hasta teñido de soft-rock, Zayn hace un cosplay deslucido de The Weeknd, Niall Horan quiere beber de los sonidos que arman Ed Sheeran o Shawn Mendes, Louis desapareció, y Liam Payne intenta copiar los estilos de un trap que no le sienta. En vez de caer en el molde del cantautor, Styles rescata el formato que también usa Leon Bridges -su telonero en la parte sudamericana del tour-, ese del solista que tiene una banda de apoyo lo suficientemente buena como para apoyarse y brillar.

    ¿Por qué importa la banda? Porque la juventud y haberse criado artísticamente en una estructura como la de una boyband hace que haya cosas donde Styles no será el más dotado, entonces el reconocimiento de los recursos que dispone y usarlos con inteligencia es clave. Harry no tiene ni la mejor voz ni los mejores pasos de baile, pero sí tiene carisma y la intención de sacar adelante canciones que muchas veces tampoco son la crème de la crème, pero que forman parte de un disco cuya coherencia es innegable, y que podría tender puentes entre padres e hijos, y por cierto también podría llevar a Styles a oídos de más hombres (que, con suerte, conformaban el 5% del total de gente en el Arena).

    También es inteligente de parte de Harry no dejar en el fondo a su banda, como muchos hacen, y así dejar en claro que éste es un show de música, donde una canción como “Woman” requiere de una guitarra prominente, o “Carolina” necesita de segundas y terceras voces. En vez de la pista pregrabada, Styles sabe que la banda debe tener una identidad, aunque en medio de los correctos músicos estaba comandando el ritmo la impecable Sarah Jones, también conocida por su labor en Hot Chip, dando un pulso potente a canciones que, tal vez, podrían quedar un poco más lánguidas y relajadas en otras manos.

    El fanatismo hace que a veces la música no se escuche por completo, y está bien, si lo que existe es la transición desde una estrella de una boyband a un “rockstar” que aún no se completa, y prueba de ello es la locura que se vivió en cada uno de los tres temas que tocó de One Direction, en especial la vibrante y rockera versión de “What Makes You Beautiful” donde Styles evita cantar la línea que titula la canción, tal vez oliendo el mansplaining evidente. Ojalá sea por ello, dándole otro giro a una canción que gana en la fórmula menos es más.

    “Sign of The Times” va a ser un clásico, y eso lo dará la perspectiva del tiempo, quizás cuando los chillidos por Styles como ídolo se acallen y afloren los aplausos a sus canciones. Si hay una prueba de que se vienen cosas más interesantes, eso es el par de temas inéditos, “Anna” y “Medicine”, que destilan más Tom Petty que The Beatles. Lo mismo con el cover de “The Chain”, esa canción que fue un hit hace 41 años, y que resulta ser de lo más cantado (no gritado) en la noche, en algo que haría orgullosa a la madrina Stevie Nicks, una que bien sabe de brillar sin highlighter, parafraseando a Rosalía.

    Al final, la vorágine controlada de “Kiwi” denota que, luego de más de una hora y media incluyendo una corrida de Harry al escenario “B”, y una acción de los fans que llenó de colores como un arcoíris al Movistar Arena, el espectáculo cumplió en las expectativas artísticas, y excedió lo emotivo, en especial gracias a la gente. Mientras, Styles sigue creciendo y, con inteligencia, podrá generar algo que se cocine a fuego lento, para preservar el brillo por mucho más tiempo de lo que dicte cualquier moda o fervor hormonal, y ahí estará el verdadero triunfo, que es posible y se vio a ratos en el debut solista de Harry en Santiago.

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