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  • Ideas feministas que nos dejó (y reforzó) Ruidosa Fest 2017

    Sororidad, colaboración entre pares, la creatividad como motor para el cambio y más. Estas fueron las ideas más fuertes que nos dejó la segunda edición de Ruidosa.

    Fotos: Karla Sanchez

    La jornada más larga y significativa de Ruidosa Fest se realizó el sábado pasado en Matucana 100. El festival creado por Francisca Valenzuela celebró este año una exitosa segunda edición que no solo nos invitó a reflexionar sobre la participación de las mujeres en la industria de la música, sino que también puso ante los ojos de quienes asistimos algunas cuestiones fundamentales sobre la creación, el papel del ímpetu personal en el arte y la urgente necesidad de colaboración entre mujeres.

    Si no fuiste o te lo perdiste, acá te contamos algunas de las ideas más fuertes que nos dejó la segunda edición de Ruidosa.

    Sororidad o sororidad

    El jueves pasado, la actual editora de MTV News, Jessica Hopper, expuso sobre las principales dificultades a las que ha tenido que enfrentarse siendo mujer y periodista de música en una industria dominada por hombres. Durante la charla, contó que hace algún tiempo, una muy buena amiga la invitó a participar de un grupo de Facebook compuesto por mujeres, donde buscaban apoyarse durante un año. “Hicimos un Documento de Google privado, donde fuimos escribiendo una lista de metas, cosas que realmente queríamos hacer ese año. Podían ser pequeños sueños, libros que queríamos leer, hábitos que queríamos eliminar...”. Cada una revisó las listas de sus compañeras y fue anotando al lado sus iniciales si es que podía ayudarla a cumplir esa meta.

    En ese simple documento de Google, había un sentido de comunidad y, desde luego, apoyo. Había vulnerabilidad y un pacto fuertísimo de confianza. En esa lista, las mujeres integrantes del grupo expusieron varios deseos, algunos simples, otros básicos y, de seguro, algunos que en otra instancia nunca se habrían atrevido a compartir.

    Lo más emocionante de eso fue, según Jessica, que muchas mujeres terminaron diciéndole a otras: “Te voy a dar la ayuda que yo nunca tuve”. La sororidad es un término recurrente cuando se habla de feminismo y muchas veces, cuando intenta explicarse, se le homologa a la palabra “solidaridad”. Pero es importante hacer la distinción. Porque mientras la solidaridad es un término que hace referencia a un apoyo unilateral, la sororidad se explica como un acuerdo -muchas veces implícito- entre mujeres, que busca el apoyo mutuo y la resignificación de las relaciones entre nosotras por un bien mayor: el hacer frente a las limitaciones de un sistema patriarcal. > Lo más emocionante de eso fue, según Jessica, que muchas mujeres terminaron diciéndole a otras: “Te voy a dar la ayuda que yo nunca tuve”.

    La importancia de un discurso propio

    La historia ha sido contada por hombres. La música, el cine y la literatura es predominantemente masculina y lo ha sido desde siempre, con sus reglas y sus discursos. *¿Qué hacemos nosotras, entonces, cuando escribimos una canción, filmamos una película o pensamos un cuento? *

    La directora de cine, Marialy Rivas, puso en debate el tema de la creación femenina a partir de reglas artísticas creadas por hombres. “Hay mujeres haciendo cine por imitación a lo que históricamente han hecho los hombres, y estamos permeados para empatizar con eso”, dijo.

    Pareciera que urge apropiarnos de un discurso y salir a romper las reglas con él. ¿Es posible hacerse de uno a estas alturas de la historia o ya estamos condicionadas para siempre? Bueno, el debate quedó abierto. Probablemente, el discurso propio en sí de una mujer ya signifique transgredir las reglas de varias disciplinas artísticas.

    La escritora chilena, autora de “Quiltras”, Arelis Uribe, contó cómo luego de haber escrito su primer libro se enfrentó al cuestionamiento personal sobre si era o no una obra que podía catalogarse como feminista. “Yo sospechaba que sí, pero no estaba segura”, dijo. Entonces fue donde la Directora de Estudios del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), donde también se desempeña como Directora de Comunicaciones, para preguntárselo. “Ella es la persona que más sabe de género que conozco. Me dijo que por supuesto que “Quiltras” era feminista porque en el libro las mujeres no son apéndice, como se viene reproduciendo culturalmente desde el mito de Adán y Eva. En el libro las mujeres son las protagonistas de sus propias historias, de su vida, la que se definen con metas independientes y no en relación con un hombre”.

    El valor del ejemplo

    “No pensé en estar en una banda hasta que vi a una mujer tocar una guitarra”, dijo Jessica Hopper durante su conversatorio del jueves pasado en el GAM. Algo parecido le sucedió a Juanita Parra cuando vio a Sheila E tocar la batería en un concierto de Prince.

    Probablemente nos ha pasado; que hemos querido profundamente hacer algo. Escribir un cuento, armar un medio o pedirle trabajo a alguien. Quizás hemos aspirado o estamos deseando desempeñarnos en una disciplina donde los hombres son mayoría y encima toman las decisiones. Es difícil no titubear en una situación así. Por eso, qué importante es ver cómo otras mujeres están consiguiendo lo que quieren o ya han conseguido algo que yo, actualmente, deseo.

    El valor del ejemplo en el feminismo es fundamental. Muchas de nuestras mamás, tías o incluso nosotras mismas, hemos logrado ser lo que somos actualmente porque hemos visto a nuestras hermanas mayores u otras mujeres, hacerlo antes que nosotras. Sin embargo, también sucede lo contrario: logramos algunas cosas porque no hemos querido pasar por lo que otras sí. Ir a la universidad, elegir cuando casarnos y tener hijos (o si realmente queremos casarnos y tener hijos). Tener nuestro dinero, elegir cómo vestirnos o vivir la sexualidad como nos plazca…

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    Tengamos claro cuáles son las opiniones que nos importan

    Durante el conversatorio con Jessica Hopper, una chica comentó que en su afán de armar un blog en internet y un canal en Youtube, terminó deprimiéndose porque leyó un comentario que decía algo así como: “todo bien con el contenido, pero deberían cambiar a la chica del video porque es un poco gorda y se ve mal”. _“¿Cómo superas algo así?”_, le preguntó a Jessica Hopper.

    En la música, el cine y las comunicaciones (¡y en muchas otras áreas!), a menudo se critica a las mujeres por cómo visten, cómo lucen sus cuerpos, o las imágenes que proyectan de sí mismas. Muchas veces, el aspecto físico de una mujer cobra más relevancia que las canciones, las actuaciones o lo que se hace en los medios de comunicación.

    Por un lado está lo que podemos hacer para que cosas como esas no sigan ocurriendo (¡y por eso el feminismo es importante!), y por otro, el cómo nos sobreponemos a esos juicios cuando son negativos, denigrantes o nos reducen a objetos. La clave de esto último, por muy romántico que pueda sonar, pareciera estar en el amor y el respeto que le tenemos a otras personas.

    “Define bien quiénes son las personas que quieres y quiénes son los que te importan”, fue el consejo de Jessica para esta chica. “Una vez me pasó algo parecido e hice una lista de cinco personas, de las cuales me importan sus opiniones sobre lo que escriba. Lo que debe importar es tu voz, tu opinión. No lo que piensan los demás. Cuando te liberas de eso, puedes hacer mejor tu trabajo”, le dijo.

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