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  • Years & Years: Una discursividad del cuerpo liberado

    La banda británica se presentó en un Teatro Teletón lleno y nuestro corresponsal musical, Manuel Toledo-Campos, estuvo ahí para reseñar el sideshow del grupo que también estuvo en Lollapalooza Chile el fin de semana pasado.

    “Hay que tener en consideración que el género, por ejemplo, es un estilo corporal, un ‘acto’, por así decirlo, que es al mismo tiempo intencional y performativo donde performativo indica una construcción contingente y dramática del significado”: Judith Butler explica en su ya clásico libro “El género en disputa” sobre cómo existen regulaciones muy estrictas que oprimen a tal punto que cada discurso estiliza las formas sobre la que se construyen los cuerpos. Tal vez por este estilo de prisión posmoderna es que la pista de baile cada vez es más un terreno de resistencia y de disposiciones identitarias. Entra Years And Years.

    El trío londinense gira alrededor de la extrema forma de mostrarse de Olly Alexander, un carismático frontman que es personificación de ese “acto” dicho por Butler, jugando a su antojo con los códigos de sexo y género, subvirtiendo todo a su paso, y en medio de eso, la banda ha configurado contextos de aires ficticios para lograr el paso más audaz, que no es más que la liberación del espíritu por breves instantes. Es imposible que en la instalación de sociedades contemporáneas haya cuerpos liberados, pero el simulacro de la ausencia de opresiones puede operar, y eso es lo que termina ocurriendo con éxito rotundo mediante la conjunción entre arte, empatía y concepto que Y&Y mostró en un Teatro Teletón repleto.

    El show partió puntual con las gráficas, mediante luces neonizadas y una pantalla, que caracterizan a “Palo Santo” (2018), el disco que vinieron a mostrar, en esta primera vez en Chile que ya había dejado una impresión arrolladora en Lollapalooza. Decenas de miles de personas colapsando el área aledaña al escenario porque, obvio, había que bailar en un día nublado al borde de las lágrimas. Pero en el Teletón la cosa era distinta. Íntimo, cerrado, oscuro y con espacio limitado, todo apuntaba para que el calor y la sensación de estar un club hiciera del trance algo más probable. “Sanctify”, “Karma” o “Meteorite” son canciones que se vuelcan en momentos catárticos mientras letras de amor y desamor, de identidad, mentiras y verdades, se disponían una tras otra.

    Olly Alexander, en su manera fluida y su voz exuberante, sirve como maestro de ceremonias, principal atracción y centro de los aplausos, pero Y&Y es mucho más que su figura: Paris Jeffree es una baterista que logra ganarle a las programaciones, convirtiendo el pulso de la banda en algo orgánico, ese corazón que late, mientras que Phebe Edwards y Joell Fender en los coros le entregan esa cuota r&b que distancia tanto a Y&Y de sus pares. Sí, Olly es un flaco y pálido chico de North Yorkshire, pero su sabor y forma de cantar es mucho más negra, quizás también entendiendo que ese lado del espectro musical es más rico en empatías con el oprimido. En medio de todo, el baile y ese “acto” para construir alrededor un “Lucky Escape” o cumplir con el “Desire”, respondiendo a las dudas con devoción y movimientos.

    El show es dispuesto en dos actos, donde el primero parece ser el de la necesidad de brillar y sentirse relevante y único, como quiera que se sea, y el segundo, que inicia tras un breve interludio de imágenes, se consagra más a la idea de disfrutar de este nuevo culto. Pareciera que Olly repitiera la pregunta de Oli Sykes en Lollapalooza: ¿Quieres iniciar un culto conmigo? Y en este caso la respuesta de toda la gente se traduce en la adoración y en cantar “Hallelujah”. En medio, covers de Phebe y Joell a Ariana Grande y Madonna en la misma clave de devoción y oración. La transición desde los cuerpos oprimidos a los cuerpos convencidos está completa antes de la triada final con ”Worship”, “Rendevous” e “If You’re Over Me”.

    Antes del encore, la gente gritaba “Take Shelter”, en referencia a una canción que no estaba apareciendo en los sets de la banda. En medio de celebraciones de cumpleaños, regalos, globos dorados, tiaras y coronas para Olly, la banda entendía que este nexo construido con el público chileno, esta construcción contingente y dramática del significado necesitaba sellarse, y eso era con ese regalito, para luego llegar al tramo final, con “All For You”, “Play” y “King”, ese primer éxito improbable que terminó siendo la punta de lanza de Years & Years, que en casi una hora y media entregó un pequeño atisbo de liberación para tantas y tantos, entre baile, actos, y performatividad a la orden de la identidad y de ser real con nosotros mismos. Pongámosle la cantidad de teoría y objetividad que queramos, al final del día, cuando un show se siente así de liberador e importante para su público, eso es algo no sólo desable, sino que urgente en estos tiempos tan difíciles.

    *Setlist: * Sanctify

    Shine

    Karma

    Meteorite

    Eyes Shut

    Lucky Escape

    Gold

    Desire

    Palo Santo

    Ties

    Preacher

    Hallelujah

    No Tears Left To Cry / Like a Prayer (covers de Ariana Grande y Madonna)

    Worship

    Rendevous

    If You’re Over Me

    Take Shelter

    All For You

    Play

    King

    Foto: Carlos Müller para Lotus

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