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  • SigObrilllando: registros de lo extinto

    Sebastián Herrera conversa con Giancarlos Landini, SigObrilllando sobre su disco Bye, Bye City Life.

    por Sebastián Herrera

    Hace un tiempo atrás, me envió un video, el registro de algo difuso que se perdía en medio de la ciudad. La grabación venía acompañada de un pequeño relato, una suerte de bitácora para la posteridad.

    Es algo largo de explicar, me refiero a las relaciones, ¿son necesarias? Luego de ese video, nos juntamos en su casa y eso fue una de muchas preguntas que se hizo, aunque la respuesta, él mismo la intentó dar cuando editó “Soundtrack para un film fantasma”, disco con el que Giancarlos Landini (SigObrilllando) indagó sobre este mismo tema, tras la muerte de su madre. El resultado fue una banda sonora de una película inexistente, quizás, la de él mismo. Porque hay algo de cinematográfico en su vida y no es su casa llena de cuadros expresionistas de ojos, lenguas y rostros histéricos, realizados por el mismo; o las siete bandas con las que ha grabado más de un centenar de canciones, que van del hardcore más duro y puro, pasando por lo experimental, instrumental y acústico; o que tenga más discos publicados que años en vida. No. Es otra cosa, algo diferente. Cierto arrojo, tal vez, o un modo de ver las cosas y resolverlas de forma distinta.

    Es como una llama cayendo. Es lo más evidente que he visto, dice para referirse al video que me envió: un avistamiento O.V.N.I. que filmó con la cámara casera que tiene para este tipo de cosas y que subió a Look Now, página que se especialista en encuentros UFO y que con frecuencia visita para observar otros registros de aliens, platillos voladores y objetos no identificados, como si fuera un coleccionista de retazos, evidencias o pequeñas llamas que caen. Y, de alguna forma, eso también es su música: fragmentos de una vida que busca dejar registro para no perderse en la memoria.

    Supongo que mis discos forman parte del mismo libro, pero de diferentes capítulos, explica sentado frente al mar, en Con-Con, ciudad en la que se decidió radicar, para comenzar una nueva vida, lejos de la ciudad o, más bien, de la idea de ciudad que comenzó a conceptualizar y que determinó que abandonara todo, aunque todo para él es otra cosa: La música es todo en mi vida, aunque, bueno, oficialmente es un hobby. O eso es para los que no le ven un sentido económico, ni éxito al asunto.

    Por eso decidió partir de Santiago, radicarse en el litoral y comenzar a registrar lo difuso e incomunicable, para hacerlo concreto, accesible y descifrable. De ese modo nació “By, Bye City Life”, el nuevo disco que registró en menos de un año de su anterior publicación y que busca dejar en evidencia esa llama cayendo: la vida en la ciudad, una suerte de recordatorio sobre cosas que no se volverán a transar, cosas simples, como definir qué hacer, con quiénes reunirse, dónde estar y no continuar una rutina sin más preguntas, como ¿en qué momento acaba todo esto?

    Son cosas esenciales para mí y que, estoy seguro, todos de alguna manera tenemos en nuestras conciencias. Por eso decidí concentrarme en la música, lo hice para mantenerme haciendo, activo, sorprendiéndome, además para darme una sensación de equilibrio, para no encontrar tan pelotuda la existencia, para tener una "verdadera" razón de despertar todos los días, aparte de mi familia y de la estupidez de correr como una rata para tener plata para pagar las cuentas.

    No hay mucho más que acotar. Eso es “Bye Bye City Life”, la pura ambición de dejar registro de algo difuso, quizás, una idea, un anhelo, o la simple manera en que nos mantenemos vivos. No importa, tal vez, lo único relevante es dejar el archivo de que algo brilló, antes que se extinguiera.

    Escucha "Bye Bye City Life"

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